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domingo, 25 de octubre de 2009

Quiero a Kanchimalo

*El salón de escultura*
El reloj marcaba las 4:03 am. Cuando un mensaje de texto llegó el celular de ella: “Estamos en el salón de escultura”, decía.
-Shuia!, vení un momento porfavor-me llamó ella.
-Ya voy-respondí.
Una vez estuve frente a ella, me preguntó:
-Sabés cuál es el salón de escultura?
-Pues claro, es el que queda en el sótano… estamos hablando del conservatorio, ¿verdad?
-Sí, y sabés el camino para llegar?
-Sí, vos no sabés?
-No, ni idea. Ve, porqué no me acompañás?
-A donde?-dije sorprendida, ella nunca me pedía que la acompañara a alguna parte.
-Al conservatorio, para que me llevés hasta el salón de escultura necesito entregar unos telones.
-Ok, ya mismo?
No había un solo ruido, la calle estaba silenciosa y el carro se desplazaba rápidamente. “Conservatorio Antonio María Valencia”, se leía en la fachada de un edificio de cinco pisos. Nos bajamos del carro (el conductor siguió camino a una clínica cercana) y subimos por las escaleras grises, un portero pálido y adormecido nos dejó pasar.
Subimos por las rojas escaleras hasta el segundo piso y cruzamos un oscuro y largo pasillo, ella iba de mi brazo, temblando del miedo, yo iba ligera, disfrutando de esa agradable oscuridad silenciosa.
Al final del pasillo había dos escaleras, una de subida y otra de bajada, la primera roja y la segunda gris. Tomamos por la escalera de bajada, la cual en determinado lugar se convertía en sólo cemento y tenía cambios de nivel y orientación bruscos, al llegar abajo un hueco en la pared hacía de entrada y una reja oxidada de puerta, que chirrió al abrirla.
Cabezas a medio terminar, residuos de arcilla, polvo, mesas manchadas de pintura y un aire acondicionado que le daba un ambiente frío al lugar. Recorrimos el gran salón, cuando llegábamos al otro extremo ella dijo:
-Qué miedo…
No me tomé la molestia de decir algo, pues a mí me encantan los lugares así.
-Kanchimalo!!-gritó ella.
-No grités…
-Kanchimalo!!-no me hizo caso y siguió gritando.
Por una ventanita, en lo más alto del alto salón, se asomó una cabeza de un muchacho que se quedó mirándonos.
-Es este el salón de escultura?-preguntó ella.
-Sí-respondió el muchacho con un hilo de voz.
-Y el grupo de teatro?
-Está en la sala de ensayo de la orquesta-esta vez lo dijo con un susurro apenas entendible.
Así que tuvimos que devolvernos por las grises escaleras y volver a atravesar el oscuro y largo pasillo.

*Él*
Al entrar por esa puerta blanca entreabierta lo vi a él, vestido totalmente de negro, únicamente su cabello era de un castaño oscuro, despeinado y cansado yacía al lado de los espejos, abrió suavemente sus ojos y me miró, sus ojos eran los más bellos que jamás hubiera visto (¡tan profundos!), fueron momentos sin tiempo, a ninguno se le iban las ganas de mirar al otro. Él, alguien que tal vez nunca vuelva a ver, él, que no tuve la oportunidad de saber cómo se llamaba, él, un amante del arte como yo…y en ese hermoso instante llegó la directora de la obra (Maldita sea, ¿justo en ese momento?), era la tipa que necesitaba los telones.
Después de haber templado los telones en los paneles, haber ensayado el mecanismo de desplazamiento de los mismos y haber mejorado el color del paisaje en ellos pintado volvimos por fin al salón en donde lo había visto por primera vez, pero él no estaba ya ahí, se había ido del mismo modo en que lo había hecho Leo.

*El grafiti*
Entonces empecé a caminar por los diferentes cuartos del primer piso, entré a uno dónde había un balde lleno de agua debajo de un caballete de madera podrida, el cual tenía pegado con cinta un cartel en el que se leía: “Cuidado-Peligro, humedad por gotera”. Nada interesante.
Entré, pues, a otro cuarto más grande y más alto, se sabía que las cuatro paredes de ese salón habían sido blancas, pero ahora una de ellas tenía un inmenso grafiti.
Muñequitos deformes, de seis ojos sin pupila, vomitando líquido verde por bocas redondas y de dientes podridos, muecos o partidos… realmente una obra grotesca… pero bien hecha.
No sé exactamente cuánto tiempo pasé viendo, mirando, observando ese grafiti, el hecho es que perdí la conciencia y de todo sentido.
-Vamos, Shuia!, apuráte que tengo afán-dijo ella.
-Ya voy-dije automáticamente (siempre, cuando estoy distraída, respondo “ya voy” a cualquier cosa que me digan).

*La clínica*
Y regresamos al principio… el mismo portero pálido y adormecido nos dejó salir, y con ese aire frío de la madrugada comenzamos a caminar, casualmente pasamos por la plaza… esa plaza…Leo…
Llegamos a la clínica en dónde debía estar el conductor, entramos a la sala de urgencias y ella se acercó a la recepción:
-Perdón, me permitiría pasar a los cuartos?-le dijo a la recepcionista-es que mi conductor debe quedarse esta noche aquí y necesito las llaves de mi carro.
-Ok, siga-dijo la recepcionista en tono frívolo y seco.
-Shuia-me dijo.
-mmm?-respondí
-Quedáte aquí y me esperás.
-Está bien…
Ella entró por esa puerta doble, blanca y con un par de ventanitas, mientras yo me sentaba en la salita de espera.
Una niña de tan sólo un año, vestida con un traje estampado con una gigantesca flor amarilla caminaba dando vueltas por la salita, resbalándose y volviéndose a poner de pie.
-Venga, Sofi, ¿quiere Cheetos?-dijo la que parecía ser la mamá.
La niña obedientemente fue hasta ella y tomó uno, luego se lo metió a la boca y se lo tragó. Luego el papá tomó el paquete y le dijo:
-Dele uno a Luis, a ver.
Sofi dudó un poco, y luego, riéndose, tomó otro y se lo metió en la boca a su hermano, Luis.
El papá volvió a hablar:
-Y ahora uno para Natalia.
La niña volvió a tomar uno y se lo metió en la boca a su mamá.
Sofi se había robado toda la atención de toda la gente allí presente, ya nadie miraba al televisor…
El ambiente de los hospitales… no me gusta… nunca me gustó.

*Regreso con recuerdos*
Y por fin volvimos, todo seguiría normal, la vida volvería a su rutina, nada de lo anterior importa realmente… pero con ello logré salirme de la rutina durante un prolongado tiempo. Lo cual me gustó, porque si yo (Shuia) no hubiera aceptado ir con ella al Conservatorio… lo más probable es que nunca lo hubiera visto a él, que nunca hubiera ido hasta lo más profundo del salón de escultura, nunca hubiera visto el grafiti, ni hubiera vuelto a pasar (por 586.602 vez) por la plaza en dónde alguna vez soñé y vi a Leo…

4 comentarios:

Shuia dijo...

Es una historia real... me pasó a mí ayer a la madrugada...

(comenten, comenten)

lahi dijo...

me encanto, es el mejor que has hecho...comence a leerlo y sin darme cuenta estaba totalmente metida en la historia, y vos que estabas aburrida por que nunca salias de la rutina ya no tenes de que quejarte..XD

lahi dijo...

a mi hermano tambien le gusto... que raro pues vos sabes como es el...jiji(ni siquiera sabia que el podia leer)

Shuia dijo...

Jajaja!!

Tu hermano sabe leer!!!!

Me encanta que te guste; y... sí, después de eso no tengo nada de que quejarme... Demasiadas cosas en una noche...