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martes, 29 de junio de 2010

Lo bonito


A veces la vida te da algo, algo que parece ser muy lindo, absolutamente perfecto. Pero hay un error en la vida, y es que todas las cosas lindas son efímeras, todas excepto lo que es para ti. Alguien me enseñó que "lo que no tienes ahora, no lo necesitas", y yo creo que tiene razón; no, no lo creo, ¡estoy segura!

"Tienes que desprenderte de lo que no es tuyo", me dijo alguien hace no mucho, "¿por qué?", le pregunté, "porque sino lo tuyo nunca llegará".

Bien, gastar un poco del tiempo de filosofía existencial en pensar en esto creo que no estaría mal.

domingo, 27 de junio de 2010

viernes, 18 de junio de 2010

Cómo Grita El Pánico [1]

Lugar desconocido, Fecha desconocida, persona desconocida, hora… 4:16 am…

“Cómo se nota que no sé en dónde estoy”. Tik, Tok, Tik, Tok. “Había algo que yo tenía que hacer”. Un suave susurro entró por la rendija de la puerta. Un ambiente tranquilo ronda la sala cuando todos tus seres queridos duermen. Parecen tan inocentes, como si nunca te hubieran insultado o ignorado.

Entonces sales al jardín y ves que el jazmín ha florecido de nuevo, y su olor te recuerda todos ésos días que fuiste feliz, es decir, ninguno.

Subes por aquel árbol y llagas a la copa, estiras tu pie y pisas aquel ladrillo que tantas veces te sirvió de apoyo. Estiras tu mano y ya estás arriba. Ves ése inmenso desierto de tejas, el cielo no está ni azul ni estrellado (no sé por qué dicen que el cielo es “azul profundo” cuando en realidad se ve anaranjado). Hacía frío, como es de esperase en un lugar como ése.

Te da cuenta, al observar el mundo allá abajo, que todo lo que has hecho en la vida está perfectamente bien, es sólo que ellos no lo pueden ver.

“Podrá la ciudad despertar algún día”, no pienses en cosas que no sabes, que desconoces. Eso no es lo tuyo. Deberías ser libre.

No sientes tus pies, sin embargo aún funcionan, caminas bordeando el techo; una nube blancuzca cubre tu cabeza. Es extraña la forma como caminas cuando entras en trance. Te lanzas al vacío y caes ligera; no te ha pasado nada, no, ni un rasguño (no necesitas alas para volar, ¿quién dijo eso?).

Tu caminabas, todos dormían; tus ojos estaban fijos en algún logar del horizonte, perdidos, pero seguros.

De repente todo se detuvo, el viento, el lento abrirse de las flores, un parpadeo, una respiración.

Se detuvieron todas las cosas pequeñas e insignificantes que nadie nunca nota. Oscuridad en tus ojos, brillos negros, un vacío interminable y un grito, agudo, punzante. Caíste al suelo duro de la calle.

Te sentías ahogar, abriste los ojos y te viste muerta, llenaste tus pulmones, desorbitaste los ojos. Tosiste un par de veces, “otra vez me olvidé de respirar…”, miraste a tu alrededor, “¿en la calle?”, sí, en la calle. “¿Sonámbula?, ¿yo?”.