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domingo, 12 de marzo de 2017

Degradación

Azul claro:

Es como si me buscara, pero es como si yo me escondiera, entonces es como si no me encontrara.

Azul oscuro:

Soñé que era un hombre, y que estaba enamorado de una niña que no me hacía caso, ni siquiera sabía que yo existía. Pero un día le hablé, y ella supo de mí, y ella era yo, y yo era ella. Y fuimos juntos hasta los confines del mundo, y nos enamoramos...

(jamás había soñado que era un hombre)

Violeta:

Podría decir tantas cosas de vos, pero no, porque lo que piense de vos no importa.

Magenta:

Estoy sola, me gusta estar sola. Puedo pensar en lo que sea y estar callada el tiempo que quiera sin el peligro de que alguien de repente me diga: ¿en qué pensás?
A veces la persona que me lo pregunta es la yo interna, ese individuo que, no sé si sea cierto, todos tenemos dentro.

Rojo:

Dejé la flor sobre la mesa y pregunté por Alejandro.

-Él salió-me respondió.
-¿A dónde?-pregunté.
-No sé.
-¿No dijo?
-No.
-Ya, ¿y dónde cree que puede haber ido?
-No sé.
-Usted no sabe nada.
-Ajá.
-Ahh, no me hable.
-Bien.
-Ahh, qué rabian con usted.

Me fui.

-¿Dónde está Alejandro?-pregunté esta vez a una persona más amable.
-No sé.
-¿No te dijo?
-No, pero creo que estará en el concierto de Alejandra.
-¿Alejandra va a dar un concierto hoy? no sabía.
-¿No?, es por allá en la Loma de la Cruz.
-¿Creés que Alejandro esté allá?
-Seguro, vos sabés lo amigos que son ellos dos.
-Sí, jaja, seguro se casan.
-Jaja
-Nos vemos, voy a buscarlo.
-Ok.

En efecto, Alejandro estaba allá.

-¡Alejandro!, qué susto, pensé que te habías escapado.
-No, qué va, sólo vine a ver a Alejandra.
-A vos te gusta ella, ¿no?
-¡Ay, no molestés!
-Lo tomaré como un sí.
-Mmmm...
-Te pusiste rojo.
-No.
-Sí.
-¡No!
-¡Sí!
-¡Que no!

En fin, así siempre termina una discusión entre hermanos.

Naranja:

Naranja en chupete, ¿la han probado?

Amarillo:

Como los boxer de Felipe... Jajaja

Verde:

Me vi Avatar...

lunes, 8 de febrero de 2016

Hey!

You know what? I've been thinking about you lately, and guess what I've been thinking about...our relationship, yes, bravo! As you may know, I have a new boyfriend now, and my relationship with him reminds me of my relationship with you, it's so freaking weird. He reminds me of me when I was with you, and I remind me of you (if that makes any sense).He's sooo like me three or four years ago, he makes the same things I used to do and has sooo many similar attitudes. Over and over again I find myself wanting to do to him what you did to me: shut him out, don't call him, ignore his messages, etc. But I don't do it, instead of that, I talk to him, I tell him how I feel about what he's doing/saying/whatever, and he understands, he tries, and that's beautiful. I wish you had done that with me. I hope you don't do that anymore. I've been thinking, yes, because I'm trying to be kind. Oh, you remember that night at Cherry's home? At the Halloween party? Yes? Do you? Ok. Fine. I remember it too. I remember you sitting on the old sofa, Cherry at your right, me at your left, pipe in your mouth. You were feeling so cool, oh, so nice, with your new pipe. Everyone was admiring it and telling you how nice it was, including your ex-girlfriend. She was so close to you, even more than me, and she asked you if you would let her try your pipe out. Of course you would, of course you did. She smoked cigarettes constantly anyway, so what was the matter? Right? But when I asked you the same thing, ooooh, you wouldn't let me. It was kind of a test, I guess. You didn't know that I smoked pot normally, and that I had my own pipe (not as posh as yours, obviously) and that I smoked tobacco just like you. I mean, those things were not a big deal for me, I even had friends for that, it wasn't always Isabella and Marcela who I was with. I had a friend who was a DJ at the Convulxion Parties, and he invited me there... Anyway, I wanted to know how you looked at me. I mean, the other girls you had been with before, they were so... (how could I say that?) "grown-up" maybe (?) They had done so many 'mean' things, they could walk the streets alone at night, they were so hot. And I, well, I... I had to deal with the innocentlittlegirl face I've always had. You were deceived by it. You always tried to keep me away from the 'bad' things. Why? Because I was this little kid who knew nothing? You didn't want to corrupt me or something like that? Oh, if it was it, it was such not a kind way to do it. I'm trying to be kind. Even if I still don't know what kindness is. I wouldn't say I've changed since you left me, but I've learned. I feel that I will discover kindness the day I'm able to forgive you and to forgive myself. I haven't been able, I have such a horrible nature for taking revenge. I always remember how you tell me you didn't want to know anything about me again. I took it seriously. So I won't let you know anything about me, unless I forgive. I'm trying to forgive.

martes, 27 de octubre de 2015

Alejandro:

No sé ni qué decirte. Pero no importa. Puedo decirte lo que quiera, al fin de cuentas no te vas a enterar. Te lo escribo aquí porque era aquí en dónde solía escribirte cuando no me atrevía a hablarte, porque sé que ésto ya no lo mirás, porque sé que ya no hago parte de tu vida ni de tus sueños... esos que solías contarme sobre el pasto, a la orilla del lago, ¿recordás?

Te me has estado apareciendo en los sueños, casi todas las noches. Es muy extraño, porque yo ya había asumido que vos ya no existías más en mi mundo. En eso habíamos quedado, ¿no? Vos no querías volver a saber nada de mí... y yo estuve de acuerdo.

Pero no fue así, no para mí. Quizás te negué, pero no te olvidé. Quizás al principio estaba dolida porque no entendía por qué habías estado con otra mujer, porque no entendía por qué todo había tenido que terminar tan rayado entre nosotros.

Yo tenía ganas de volver a intentarlo, vos no. Y últimamente he venido a entender por qué. Había muchas cosas que me cegaban. De más que vos me querías mucho, de otra manera no sé cómo habrías podido aguantarme tanto tiempo.

Mirá, luego vine a entender que me carcomía la inseguridad. Nunca me sentí suficiente para vos porque no me sentía suficiente para mí misma; no podía sentirme segura con vos si no podía confiar en mí misma. Era tan sencillo, Alejandro, ¡todo podría haber sido tan sencillo! Pero ninguno de los dos se dio cuenta.

(Suspiro)

Me ha agarrado la nostalgia en estos días... Ha estado lloviendo, tal como el día en el que te amarré tu anillo negro al cordón de tu sucio zapato negro, ¿te acordás? No creo...

Te me aparecés en los sueños con esa sonrisa hermosa y esos ojitos negros y brillantes, y aún me querés y me mirás como en los viejos tiempos... Imposible no pensar en vos, imposible no recordar los buenos momentos. Y me entristece saber que muchos momentos que pudieron haber sido lindos los arruiné con mis actitudes malucas.

Perdoname, en serio, perdoname. Vos de pronto no reflexionaste sobre nuestra relación, o de pronto sí, no sé. Pero yo por mucho tiempo no pude dejar de cuestionarme ¿qué pasó?, ¿qué hicimos y qué no hicimos para que nuestro noviazgo tomara el rumbo que tomó?, ¿en qué momento empezamos a ser indiferentes hacia nuestras diferencias y nuestras dificultades?, ¿o siempre lo fuimos?, ¿por qué nunca lo hablamos? En fin... ¿ya qué?

Yo te quise, Alejandro, y mucho. No sé con qué amor, pero sí. Y no había nada para mí como caminar de tu mano, como tus abrazos. Como acariciarte y verte dormir. ¡¿Cómo pude desaprovecharlo por andar desconfiando?! En fin... sólo me quedó aprender.

¿Sabés? No me echo la culpa a mí, pero tampoco te la echo a vos (antes lo hacía). Simplemente ahora entiendo que ninguno de los dos supo asumir las situaciones que se nos presentaron, y que eso fue todo. Nuestra relación fue como un niño pequeño al que dejamos solo... ¿qué podíamos esperar?

Le agradezco al universo que te haya puesto en mi camino y le pido disculpas a todas las partes de vos que no logré aceptar, te pido disculpas a vos por cualquier cosa que haya hecho mal, por cada cosa fea que dije o hice, por cada vez que no te supe hablar, que no me supe acercar a vos, que no te supe ver ni entender. Te pido que perdonés mis inseguridades y mis dudas. Si pudiera devolver el tiempo y hacer las cosas "bien"... no lo haría, ¿cómo habría aprendido, sino? Pero nada de lo que hice lo hice realmente adrede, vos sabés... que uno no es quien cree ser.

En todo caso... te deseo todo lo mejor y feliz cumpleaños.

Me despido mandándote un fuerte abrazo.
Con cariño.
Isabel.

Pd: Y luego me vengo a encontrar con lo muuuuuy lejos que, en efecto, ya estás de mí. Pero tranqui, así está bien.

miércoles, 17 de junio de 2015

La luz del sol que entra por tu ventana y el sonido de la lavadora.

A veces siento que pierdo mi tiempo. Se me hacen inútiles mis esperanzas. Y si no logro entender, ¿qué? ¿Y si no puedo amar? Quizás me encuentre en coma. Me cuesta entender las cosas. No sé hablar ni besar ni pensar ni caminar. Las preguntas me dejan vacía, ése es el por qué de mi silencio que tanto te molesta. Te has posado allí, en mi interior, en donde todo está frío. Cuidado te me mueres de hipotermia... Me pregunto si será verdad que te hago florecer. Ambos éramos en nuestros corazones desiertos cuarteados, yo siento que aún me seco, me marchito... ¿Cómo estar dispuesta a mi propio sacrificio? Ya no puedo distinguir lo justo, ni lo bello, ni siquiera sé qué es todo eso.

 A veces... siento mi cuerpo como una extraña masa de carne, sangre y huesos que se sabe mover sola, que ha aprendido a sobrevivir, a no morir de hambre ni de frío, una masa extraña que ha aprendido a fingir que siente. Pero... muy dentro de ella, estoy yo, frágil, dudosa, con mis ganas de llorar de siempre, preguntándome qué es todo esto.

miércoles, 10 de junio de 2015

Rojo. Azul. Negro. Amarillo.


¡Cuánta falta me haces! ¿Dónde estarás? Quizás sobre un puente tapizado de nieve; un viejo puente de madera, olvidado entre las levedades de algún paisaje japonés. Tu mirada, quizá escarchada, se deshace entre los grises pálidos.

Dos, cuatro, seis, ocho, diez... Mis pasos están vacíos, mi mundo en negativo. Me haces falta. En los días cálidos, en las noches claras, cuando la luna me sonríe, cuando el sol me quema. Estás... en el corazón estrellado del carambolo que crece en mi jardín, en la quilla del barranquero que me visita en las mañanas soleadas. Pero no te veo. En la geografía de mis brazos, en los pliegues de mis labios.

domingo, 31 de mayo de 2015

Sirena de tierra


Hoy llueve. Siento que muero. Lloro. Miro al cielo y le pido que me reciba. El dolor en mis muñecas es insoportable, el peso de mis párpados insuperable. ¿A dónde se fue toda la luz? Esa nefasta luz que ha quemado, sin piedad, mi alma con sus verdades, ¿dónde está ahora?


¡Maldita sea! ¡Todo está en tinieblas! Ni el azul de mis sábanas puede absorber mi tristeza, ni el blanco de la luna puede frenar el ardor de mi piel. La esperanza en mí es como el verde de los ojos del gato negro que nunca tuve. Gato de bruja.


Se me antoja tomar el rumbo de la carrilera, llegar al mar y no detenerme, continua., Hundirme, naufragar, quizás flotar. mi olor a sal delata que vengo del mar. Dejar que los erizos de mar me desinflen, deshacerme de esta embarcación en la que nací, en la que ya no quiero flotar más.


Se deshacen las nubes en lluvia, se me suben las hormigas al cuerpo, tal vez me esté pudriendo. Alguna vez tuve ansias de reconstruirme, ya no sé.


Tengo el vacío infinito en el centro de mis manos, en medio de mis pechos, en mi ombligo, en el camino que surca mi espalda. En cada hueco, en cada arruga, en todos mis pliegues, en cada cicatriz, debajo de las uñas y en cada esquina de mi cuerpo existe un hambre que no ha podido ser saciada. Me conocen los poetas, los he visto caminar.


Suena una canción triste dentro de mi corazón, algo así como un canon entre el canto de una ballena triste, el gemido quejumbroso de una gaviota y el andar seco de un caracol.

jueves, 14 de marzo de 2013

Los olores de las casas prohibidas - Cap. 2

Las tardes empezaron a oler a timbres de teléfono, se llenaron de palabras y humo en el aire. Las relaciones lejanas, la distancia entre las personas, la cercanía de la gente.

Rossa sentía la soledad de su cuerpo, oía las voces desde el otro lado, frías, muertas, disfrazadas de vida. Estaba triste, le hacía falta el amor.

Incomprensión olvido tarde lluvia triste azul lágrimas humo ventana mojada. La pared que sostiene espaldas cansadas de soportar tanta tristeza, los cuartos oscuros llenos de fantasmas, de recuerdos encabritados. Las manos desesperadas que rasguñan las baldosas, los gritos sangre dolor tristeza muerte ya no sé qué hacer me quiero morir ámame.

No había arrepentimiento, lo prohibido no implica a la maldad. Tal vez sí a la impulsividad, a la inseguridad, a la inmadurez. Pero Rossa sólo recordaba, en ella sólo había un vacío profundo en el que todo se perdía irreversiblemente, un agujero negro, la nada. Los poros de su piel le daban la propiedad de esponja desechable.

Ya no interesaba nada, la casa olía a viejo y a guardado, como a huevos de cucaracha, como a ropa de invierno, como a otoño tarde triste lluvia frío llanto sangre baldosa tengo sueño estoy cansada de vivir.

La soledad la acompañaba día y noche, la adormecía en la madrugada con su silenciosa canción que huele a gotas de rocío, a abarázame bésame ámame que te quiero sólo a tí te extraño llanto frío ventana mojada.

Con los pies sobre la baldosa fría de los cuartos oscuros de las casas prohibidas, así vivía Rossa, vagando perdida, sin color, sin prisa; sin amor, sin vida.

viernes, 24 de agosto de 2012

Poema sin nombre

Ya no puedo ver mi cielo.
El bosque crece
y se come mi cielo.

¡Ay!, mi pequeña porción de cielo naranja,
no te mueras
que si te mueres
muero yo también.

¿Cómo aguantar esta tristeza fúnebre,
que carcome almas
y desgasta cuerpos?

Mueren mis nubes rojas.
Mueren ahogadas.
Ahogadas en la sangre cálida
que derramé para teñirlas.


Prefiero llorar con alma que vivir sin ella

Si yo pudiera mantener cada vez por más tiempo en mí esa sensación de indiferencia hacia los demás, ese desinterés por los sentimientos, pensamientos y opiniones de los otros, esa satisfacción que en ocasiones me produce el manipularlos a ellos... Si yo pudiera hacerlo hasta que se convirtiera en lago normal, común y cotidiano.

Si yo pudiera hacerles creer que los quiero, que estoy enamorada, que ellos me importan, sin que fuera cierto. Si yo pudiera suscitar amor sin poseerlo y darlo sin tenerlo, si yo lograra llevar una vida lejos del "amor verdaero", si lograra ser ajena a los sentimientos de cariño y afecto y, por lo tanto, al dolor de su consecuencia.

Si yo pudiera... ¡si pudiera, Dios, si pudiera!, si tan sólo pudiera... Entonces tal vez me ahorraría el sufrimiento de amar como nadie a alguien que no es capaz de ver, sentir y recibir mi amor. Tal vez cesaría este continuo derroche de sentimientos puros y sinceros.Quizá entonces dejaría de importarme la monogamia; probablemente los besos en todas sus formas, los abrazos, las caricias y el hacer el amor perderían su real sentido, su real función: la de dar a luz amor. Seguramente se convertirían los besos en un simple intercambio de movimientos placenteros, así como todo lo demás, que se convertiría en una secuencia de trucos seductores con final lujurioso.

Si yo pudiera reemplazar el amor por el mero placer sexual... Pero, ¿quién quisiera ser tan porquería?, ¿a quién le gustaría unirse con semejante asco de persona?

A mí no...

miércoles, 11 de julio de 2012

Mañana

Sonará el despertador a la hora acostumbrada, y yo no lo escucharé sino hasta la tercera vez que suene. La realidad se me juntará con el sueño y mi alma se quejará de dolor, de negación, de desesperación por tener que salir de nuevo al mundo casi desnuda y todavía maltrecha.

Por fin volveré a mi cuerpo después de una lucha sobrehumana conmigo misma, recordaré a mi querido, suspiraré por él; me sentaré en el borde de la cama sin poder abrir los ojos y escucharé el funeral silencio de esta casa abandonada, donde dormitan pedazos de amor familiar y se pudren sin refrigeración la infancia y el aire fresco.

Iré al baño, me lavaré las pestañas y las comisuras de la boca; me miraré en el espejo, me haré la pregunta de siempre que otra vez quedará sin respuesta y, rendida, volveré a mi cuarto para mirar la hora. Me daré cuenta de que se me ha hecho tarde, me saltaré otra vez el desayuno, me mojaré el cuerpo rápidamente, me vestiré con cualquier chiro, almorzaré frío y, después de haber zampado a la carrera “lo necesario” en mi maleta, saldré a la calle y caminaré con el único rumbo en que puedo ir.

Leeré en el bus, llegaré a mi destino, pasaré la tarde haciendo un trabajo que no amo, veré a los demás fuera de mí, ajenos, y los envidiaré por su libertad. Al caer la tarde, tomaré el camino de regreso a mi muerto hogar. Me encontraré de  frente con la soledad y el frío, desearé que mi novio esté allí para abrazarme, recordaré que no sé nada de él hace ya varios días, me dolerá que haya pasado un día más sin que me llame, se me escurrirá una lágrima, se me derretirá el corazón. Desearé tener a mi madre para consolarme, pero sabré que habré de acostarme y dormirme sin haberla visto.

Dejaré que mis pies me lleven a la cocina, dejaré que mis manos abran la nevera y demás puertas en busca de comida, dejaré a mi estómago rugir sin ser saciado.

Me dirigiré entonces a mi habitación, dejaré caer en el suelo mi equipaje, me desvestiré lenta y tristemente, apagaré las luces, me tiraré boca arriba en mi cama y pensaré en toda la gente a la que quiero infinitamente y que seguramente no recordarán mi existencia.

Olvidada y resignada, le daré la cara a la almohada, la abrazaré como si fuera el pecho de mi querido y me echaré a llorar tan desconsoladamente que a las cucarachas se les partiría el corazón si lo tuvieran. Y así, me quedaré dormida. Mi alma volará libre y feliz, descansará del mundo y por fin tendrá un poco de paz; se apaciguará el dolor, se sanarán un poco las heridas que al día siguiente habrán de abrirse el doble, y al sonar el despertador, encontraré de nuevo cerradas las puertas del cielo, chillando mi alma volverá a este cuerpo y de nuevo mis ojos no querrán abrirse.

jueves, 24 de mayo de 2012

Como para bajarle al peso

Me pregunto hasta qué punto puede llegar a afectarme la ridícula cantidad de dosis de represión que me doy. Tal vez a eso se deba la hendidura entre mis pechos, tal vez a eso se deba la irremediable, continua e insecable humedad en mis pestañas. Es esa asquerosa desconfianza en mí y en todo cuanto me rodea, son esos "puedes confiar en mí" que son más nada que la nada (porque la nada, al fin de cuentas, es algo).

Es esa incapacidad de la poca humanidad que queda aún en la humanidad, con todo y su hirónica hilaridad, para manejar la atención. Es la incapacidad mía para comprender que soy nada y que en realidad nada nunca importa.

¿Hasta cuándo se prolongará?, ¿hasta cuando yo quiera?, ¡mentira!, la nada es incapaz de querer.

He dicho.

Pd: Si posee usted un oído caritativo por favor llámeme o búsqueme que yo lo voy a estar esperando.