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sábado, 10 de julio de 2010

La Hucha Voladora

(Verán, no se encuentran muchas imágenes de cerdos voladores respetables)

Mi mamá me regaló una alcancía con forma de cerdito por mi cumpleaños, era rosada y gorda, con las letras “TAIWAN” estampadas debajo. La coloqué en el alféizar de la ventana de mi dormitorio y cada semana depositaba en ella una parte de mi mesada a través de la ranura. Un día decidí comprar una nueva cunita para la casa de muñecas, le di la vuelta a la alcancía, abrí la ranura y la agité muy fuerte encima de mi cama… no salió nada, ni un peso.

-¡Ha desaparecido!-grité-¡he estado guardando mi dinero durante semanas y no hay nada!, ¿qué ha sido de mi dinero?

-Yo me lo comí.

-¿Qué has dicho?-No podía adivinar de dónde provenía esa voz.

-Tú me diste de comer el dinero, así que me lo comí.-repitió el cerdito.

-¡Vaya!, ¡puedes hablar!

-Sí, cuando alguien me habla a mí.

-En tal caso, dime, ¿dónde está mi dinero?

-Te lo he dicho, me lo comí.

-Pero ahora no está en tu estómago.

-Ya lo he digerido-dijo Taiwán-¿de dónde crees que los cerdos como yo obtienen sus energías?

-Eso no está nada bien-le dije agitándolo de nuevo-¡quiero el dinero de mi mesada!, ¡dámelo ahora mismo!

-¡No puedo!-me contestó enfadado-tendremos que ir y conseguir un poco más.

-¿¡Dónde?!-pregunté.

-Bien, ¿de dónde sale el dinero?-dijo Taiwán con impaciencia-de la Real Fábrica De La Moneda, por supuesto, de la Real Fábrica De La Moneda que está dentro del Real Palacio de el Príncipe De La Fortuna, si te subes a mi espalda te llevaré volando hasta allí, pero tienes que darme de comer primero, estoy hambriento, y yo no puedo volar con el estómago vacío.

Hice uso de mi colección de monedas extranjeras introduciéndolas por la ranura, con todo este dinero el cerdito engordó hasta tal punto que se cayó del alféizar de la ventana. Al poco rato el centro de mi habitación estaba ocupado por un enorme cerdo rosado; me subí a su espalda y Taiwán alzó el vuelo a través de la ventana abierta. Volaba hacia atrás.

-¿Por qué vuelas hacia atrás?-le pregunté, dándome la vuelta en dirección a su cola para poder ver a dónde íbamos.

-La Real Fábrica De La Moneda está a mucho tiempo de aquí.-replicó él.

-Quieres decir que está a mucho camino…

-No, quiero decir que está a mucho tiempo, así que tengo que volar hacia atrás en el tiempo.

Pronto comprobé que era éso lo que hacíamos. El aire se llenaba de humo y grandes flores de fuego se abrían en capullos rojo a derecha e izquierda.

-¿Qué pasa?

-Son disparos-dijo Taiwán con calma-abajo hay una guerra.

Yo empecé a preguntarme si el cerdo era tan listo como me había parecido.

-¿Quieres decir que podrían herirnos?

Taiwán no contestó, porque justo en ese momento nos cubrieron los blancos pliegues de un inmenso paracaídas y el hombre que colgaba de él, vestido con una chaqueta de piel de oveja y gafas, aterrizó en la espalda del cerdo.

-Hola-dijo el piloto-he saltado, me han derribado.

En aquel momento el aeroplano que había pilotado pasó junto a nosotros y se zambulló allá abajo, en el mar.

-Os pido que no os importe si os pido que me sujetéis.

Taiwán gruñó una o dos veces, pero no parecía que le importase demasiado.

-¿Por qué vamos hacia atrás, amigo?-preguntó el piloto a Taiwán y éste se lo explicó. El piloto se mostró encantado de saber que volábamos hacia La Real Fábrica De La Moneda-Realmente estoy un poco bajo de fondos-dijo-dejé la billetera en el avión.

Después avistamos un explorador encaramado en la cesta de un enorme globo. “Debo estar a cientos de días antes de ayer”, pensé mirando sus extrañas ropas y su sombrero de cazador.

-¿Podríais llevarme con vosotros?-preguntó cuando pasábamos por su lado-el viento sopla en dirección contraria, y así nunca llegaré a donde voy.

-Si vienes con nosotros sólo llegarás hasta La Real Fábrica De La Moneda-le respondí.

A él pareció gustarle la idea y se subió encima del cerdo, delante del piloto y detrás de mí. Debíamos haber volado otros cientos de años en el pasado cuando Taiwán tropezó en medio del aire. Casi nos caímos.

-¡Qué lugar más tonto para dejar una cuerda!-dijo de mal humor, y con los pies enredados en la cuerda prosiguió su vuelo.

-Pol favol, soltal la cometa-dijo una vocecita debajo de nosotros, miramos hacia abajo y, allí, a muchos metros del suelo, estaba un chino colgado del extremo de la cuerda; sobre nosotros su cometa culebreaba como un brillante pájaro de papel. Taiwán había sido cazado por una antigua cometa china-¿Pol qué celdito no milal pol dónde va?-preguntó el chino mientras subía por la cuerda y se montaba en el lomo del cerdo.

Le expliqué que volábamos hacia atrás a través del tiempo, todos admiramos la cometa y comentamos qué inteligentes habían sido los chinos al inventar las cometas antes que nadie.

Había que ver cómo se animó nuestro nuevo pasajero con aquel cumplido.

-Los chinos también inventalon billetes-dijo el hombrecito cuando le contamos que íbamos a buscar dinero. Taiwán se estremeció.

-Yo nunca he comido dinero de papel-se quejó.

Seguimos volando justo hasta el principio del tiempo, torcimos a la izquierda y el palacio del Príncipe De La Fortuna apareció en el horizonte, La Real Fábrica De La Moneda despuntaba, verde y fragante, por detrás del real muro trasero del palacio. Estaba protegida por un enorme príncipe-gato con el lomo arqueado; desde luego no era rival para un cerdo volador, un piloto de guerra, un explorador, un chino… ni por supuesto para mí. Mientras ellos se dispersaban y trepaban por las reales plantas del palacio, yo me introduje sigilosamente en la Real Fábrica y recogí las monedas de plata y cobre que colgaban de los árboles y llené a rebosar mis bolsillos con ellas.

Cuando Taiwán pasó trotando metí unas monedas por la ranura y todos subimos en su espalda para el viaje de vuelta. Volamos a través del tiempo, hacia adelante, con las orejas del cerdo vibrando con el viento. Pero con cuatro pasajeros encima y el viento en contra Taiwán se cansó pronto y se sintió hambriento de nuevo. “¡Más dinero, más dinero!”, gruñía, y yo tuve que colarle un puñado de monedas por la ranura.

-Lo siento-dijo él bruscamente-pero alguno de ustedes se tendrá que bajar, pesan demasiado para mí.

-Está bien-dijo el explorador-mi globo se aire caliente acaba de aparecer; miren, ahí está, yo me quedo en él.

El piloto decidió unirse al explorador en su viaje el rededor del mundo y el chino volvió a la tierra sujeto al extremo de la cuerda de su cometa… así que me quedé sola, montada en el cerdo volador. Pero antes de que llegáramos a casa tuve que darle de comer todas las monedas que me quedaban de La Real Fábrica metiéndolas por la ranura, de otra forma hubiera caído. “Aún estoy hambriento”, protestaba él, y su estómago vacío hacía ruido entre mis rodillas. Cerré los ojos y enganché mis dedos en la ranura para no caerme. Cuando volví a darme cuenta de lo que ocurría vi que habíamos entrado por la ventana de mi habitación y el cerdo estaba tumbado en el suelo, pequeño y rígido. ¡Vaya!, con su tamaño normal… Lo levanté y lo agité, ni un peso; miré por la ranura, ¡ni una miserable moneda!

Corrí a la cocina gritándole a mí mamá:

-¡No hay dinero en el cerdito!

-Sí, querida, y lo siento-dijo ella-tuve que tomarlo prestado para pagar al lechero. Déjame ver. ¿Cuánto había? Aquí lo tienes.

Me dio dos billetes nuevecitos y los arrugué en mi mano recordando que Taiwán no comía billetes.

-¿Crees que si ahorro mi paga de cada semana…?

-Oh, hija mía, si lo consigues los cerdos podrán volar…

6 comentarios:

Sora Mitsuko dijo...

Jejeje me gustó mucho! Hace rato no escribías algo así, hacía falta.
Bien! ;)

Shuia dijo...

=)Jeje

lahi dijo...

No lo escribiste vos o si? que gran imaginacion que gran imaginacion que gran imaginacion que gran imaginacion que gran imaginacion que gran imaginacion que gran imaginacion que gran imaginacion que gran imaginacion...ya? ahora escribi algo bueno, original, tuyo.

Shuia dijo...

Vos estás brava conmigo ¿cierto?. ¿Qué dije?, ¿qué hice?, ¿qué pensé?, ¿qué miré que tanto te molestó?

Ah, ¿y no has visto?, abajo dice: "Por: Amparo López"

Y, bueno, si todo lo que escribo no te parece bueno y original pues estonces eso ya no es culpa mía.

lahí dijo...

ve lo siento si te molestó. yo no estoy enojada y si, no vi que decia el nombre de la escritora, perdon, vos sabes, porque te lo he dicho, que me encantan todos tus escritos,no te enojes por favor, talvez fue muy brusco lo que escribi, o no me di a entender bien, yo no quise decir que lo que escribis es malo, sino que tenes escritos tan bueno que no tenes que colocar los de otras persona pero esque no vi que tenia el nombre de la autora, perdoname no queria que te enojaras

Shuia dijo...

Yo no me enojé, únicamente me confundí al pensar que estabas enojada por semejante pequeñez.
Bueno, no es que yo me provea de cosas que no son mías, si me proveyera de ellas me daría vergüenza que gente conocida leyera este blog. En fin, mi única intención era dar a conocer un texto chévere y con un tema que me agrada mucho: Los Cerdos Voladores.