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jueves, 15 de abril de 2010

N[adie] D[ijo] Q[ue] F[ue] F[ácil] - 2


-Iré, te lo prometo.

-Pronto!, corre!

-Que dices?

-Tres…

-Qué pasa?

-Dos…

-Hey!

-Uno…

-Respóndeme!

-Cero.

Hasta ahí recuerdo, tengo tus labios en mi mente pronunciando esa última palabra. Desapareciste, todo desapareció; sólo había oscuridad, oscuridad infinita.

“C[arta] a V[os]:

Desesperante es estar en las tinieblas y no poder salir cuando a uno le dé la gana, desesperante es que la luz duela y lastime. Desesperante es sentir que no tengo la culpa de quererte tanto, desesperante tener alas y no poder volar, desesperante escuchar y no entender, abrir los ojos y no ver.

Ahora no sé muy bien en dónde me encuentro, sé que es oscuro y vacío, como yo.

Pd: Te extraño hoy más que nunca. ¿Qué día es?”

-Hey! Chico de la gabardina, no pintes con óleo que te manchas.

-Quién más, si no tú, podría decir esas palabras?-Dijiste volteándote.

-Creo que necesito que me devuelvas algo.

-Dime…

-Uno de los tantos abrazos que te regalé.

-No, te lo ruego, deja que me quede con él.

-Entonces regálame uno de los tuyos.

-Claro…

¿Cómo no?, ¿cómo no recordarlo? Si fue una de las cosas más lindas que me pudieron pasar en la vida!

-Estás aquí conmigo!

-¿Cómo no estarlo?

-La otra vez no lo estabas.

-La otra vez tú tampoco.

-¿Qué es esto?, ¿dónde estamos?

-Estamos juntos ahora, el resto no importa.

-Estamos…juntos…?

-Puedes comprobarlo-dijiste y pusiste tu mano en frente mío. Extendí mi mano y nuestras palmas quedaron unidas.

-Es cierto! No sabes lo feliz que estoy porque hayas vuelto.

-Pero si fuiste tú la que viniste.

-¿Qué importa si yo vine o tú volviste? Estamos juntos.

Metí la mano en el bolsillo de mi abrigo y toqué el papel perfectamente doblado, lo arrugué entre mis dedos, recordando que la realidad ya no existía.

Te miré, tus ojos negros estaban ahí, como siempre, esperando a los míos. Te miré, me miraste, así como suele pasar, y los dos sonreímos. Recuerdo tu cara sonrojada, recuerdo que me dijiste: estás rojita, rojita.

Te acercaste a mi oreja y susurraste:

-Te amo…

-Grítalo.

-Te Amo!!!

-Yo más!!!

-Aún tienes mi suspiro?

-Sí-te respondí. Buscaste detrás de mi oreja.

-Aquí está, ni lo habías tocado.

-Tenía miedo de que se escapara si lo sacaba…

-Toma, guárdalo bien.

Tomaste mi mano y la abriste, pusiste el pañuelito arrugado y la volviste a cerrar. Apreté mi mano, pude sentir tu suspiro susurrando y quejándose, se estaba asfixiando. Abrí la mano y lo vi estremecerse, tembló ligeramente, “está vivo”, pensé; levanté una de las cinco puntitas del pañuelo y sentí la mano fría, levanté otra puntita y una tercera resbaló sola, por último quité la cuarta puntita y no hizo falta retirar la quinta… el suspiro anduvo unos milímetros y con una de sus pequeñas alitas transparentes se la quitó.

Se paró en el borde de mi mano y miró hacia abajo, aleteó un poco, dio un par de saltitos y se echó a volar, vistiéndolo todo de frío blanco. Deshojó algunos árboles a los otros los volvió esculturas de hielo, tapó el sol con una nube de nieve, bajó la niebla a nuestros pies y puso un par de gotitas heladas en cada ojo de nosotros.

3 comentarios:

Shuia dijo...

¿Que pasó? Este blog se vovió tan malo que nadie comenta? ni lee...

Sora Mitsuko dijo...

Me gustó especialmente los dos últimos párrafos, la descripción del suspirito.. jeje me encantó.
:)

Shuia dijo...

Ay! gracias! en serio!